La arqueología, la transformación de la ciudad
y las nuevas investigaciones arqueológicas
La actividad arqueológica en Tarragona, entre 1939 y 1979,
se desarrolló adaptándose -desde luego- a las circunstancias
generales del país y a las particulares de una capital provincial
periférica, a partir de unos recursos generalmente escasos
y de unas estructuras que eran el reflejo y la consecuencia del
centralismo político-cultural franquista. Al margen de algunos
casos muy especiales, de investigación continuada o acabada
gracias al apoyo o a la actividad particular de fundaciones o entidades
científicas extranjeras (como los trabajos en el anfiteatro,
subvencionados por la Fundación Bryant, o la recuperación
de Centcelles y la exploración de la muralla, realizadas
por el Instituto Arqueológico Alemán), y dejando aparte
la restauración de determinados monumentos (como el llamado
Pretorio o el Foro Romano), no hubo intervenciones arqueológicas
de una cierta extensión (es decir, no limitadas a una excavación
de urgencia), y siempre vinculadas a proyectos urbanísticos
o arquitectónicos, hasta la segunda mitad de la década
de los sesenta o el inicio de los setenta, como las excavaciones
en la villa romana de Els Munts, las de las plazas del Fòrum
y de Rovellat o las del teatro.
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