El Museu Nacional Arqueològic de Tarragona presenta la exposición Pentinar la mort. Rituals de vida i mort en la prehistòria de Menorca, donde se muestran, por primera vez en Tarragona, los excepcionales restos arqueológicos hallados en las cuevas des Càrritx y des Mussol.

Es Càrritx y es Mussol son dos de los yacimientos arqueológicos más interesantes y singulares de la cuenca occidental del Mediterráneo. Las cuevas están situadas en el término municipal de Ciutadella (Menorca). Ambas exploraciones espeleológicas llevadas a cabo entre los años 1995 y 1997, respectivamente, propiciaron su descubierta.

Pocas veces la arqueología brinda la oportunidad de estudiar objetos de naturaleza extraordinaria, que tan solo unas condiciones ambientales únicas han permitido conservar. No hay que ser un experto para sorprenderse ante un delicado peine de madera de tres mil años de antigüedad; para preguntarse sobre el significado de dos expresivas tallas –también de madera-, que descansaron durante milenios en las entrañas de la tierra; para dudar, aunque sin salir de la incredulidad, sobre si lo que tenemos delante es realmente un envase de cuerno prehistórico lleno de mechones de cabello teñidos; o para maravillarse, una vez más, a la vista de la osamenta, apenas cubierta por una fina capa de polvo, de decenas de personas inhumadas en la misma cámara, generación tras generación.

Pero la excepcionalidad de las cuevas des Càrritx y des Mussol no se debe únicamente al carácter inédito de muchas de las piezas recuperadas. Después de un extenso programa de investigación dirigido por un equipo de la Universitat Autònoma de Barcelona, formado por Vicente Lull, Rafael Micó, Cristina Rihuete y Roberto Risch, hoy se puede decir que los conocimientos proporcionados por Es Càrritx y Es Mussol han modificado y enriquecido el panorama general de la prehistoria de Menorca y, por extensión, de las Baleares.

Nuestra historia se inicia en Menorca, más o menos, en el año 1600 a.n.e., cuando las cuevas des Càrritx y des Mussol fueron frecuentadas por primera vez. Los vestigios que dejaron en las profundidades indican que estas personas rendían culto al mundo subterráneo y, de acuerdo con el simbolismo expresado en el atuendo colocado al fondo de la cueva des Càrritx, lo concebían en femenino. Probablemente, se guiaban por una intuición que consideraba la tierra como el principio anónimo generador de vida.

Con el paso de los años, el poblado humano de Menorca y de Mallorca se expandió y se consolidó. A partir, aproximadamente, del 1450 a.n.e., la sociedad se vertebró en múltiples unidades básicas compuestas por poco más de una docena de personas. Uno de estos grupos escogió la cueva des Càrritx como cementerio. A lo largo de seis siglos se inhumaron más de doscientas personas, los restos de las cuales se han podido estudiar detalladamente. Gracias a estos estudios sabemos que hace más de 3.000 años, los pobladores de la isla comían básicamente productos procedentes de la ganadería y de la agricultura y que, curiosamente, no comían pescado ni marisco. Las lesiones halladas en los restos no parecen atribuibles a guerras o conflictos, sino más bien, al hecho de transitar por terrenos de  carácter agreste o bien por manipular pesos.

Cualquiera que se acerque hoy en día al paraje de cala Be, donde está enclavada la cueva des Mussol, quedará impresionado por la dureza de los acantilados y la fuerza del mar. A finales del II milenio a.n.e., algunos individuos se trasladaron al interior de esta cueva como parte de un ritual iniciático. Ante un ser sobrenatural representado en una talla de madera, mitad humano mitad animal, tenía lugar una actividad destinada a completar una formación que conferiría una condición social especial a ciertos individuos. En la exposición se muestra esta excepcional talla, junto a otra con rasgos humanos que se encontró justo delante. Ambas tallas debían tener un papel fundamental en este ritual iniciático. Por su antigüedad –más de 3.000 años- y por el material con el que están hechas –madera- se puede decir que son únicas en todo el Mediterráneo.

Todas las investigaciones indican que las islas no vivían ajenas a lo que sucedía en los territorios continentales próximos. Las relaciones no se reducían al intercambio de materias primas o productos, sino que implicaron la difusión de conocimientos técnicos y concepciones religiosas e ideológicas. De hecho, la talla con rasgos humanos y cuernos probablemente representa el antepasado de la deidad celta conocida  mucho después como Cernunnos (el que lleva cuernos), símbolo de la abundancia y de la fertilidad. Hay que decir que en la zona circumalpina y en el norte de Italia se han hallado abundantes testimonios relativos a la veneración de un ser similar a esta representación.

Finalmente, en la parte más recóndita de la cueva des Càrritx todavía tuvo lugar otro hallazgo sorprendente: un depósito ritual de unos 3.000 años, formado por materiales que muy pocas veces se conservan. Destacan unos envases cilíndricos de madera o de cuerno, que se hallaron llenos de cabellos. Estos cabellos debieron ser cortados en el transcurso de las ceremonias funerarias que tuvieron lugar en ellas. ¿En qué consistían estas ceremonias? Tumbados en el suelo, a algunos cadáveres se les teñían los cabellos de color rojo. Después se peinaban y se cortaban algunos mechones, que se guardaban en recipientes que se dejaban al lado del cuerpo. Junto a los contenedores se encontraron el resto de utensilios utilizados en estas ceremonias, como un magnífico peine de madera con una silueta que recuerda a un murciélago con las alas extendidas y que, precisamente, se ha escogido como imagen de la exposición. También formaban parte del depósito diversos vasos de madera que se debían utilizar para mezclar las sustancias con las cuales se teñían los cabellos.

En la exposición Pentinar la mort el visitante puede tomar contacto con la expresión material de este rico universo ideológico. Además de poder contemplar los hallazgos más relevantes de las cuevas des Càrritx y des Mussol: el peine y los utensilios de madera que utilizaban para teñir el cabello, las enigmáticas tallas que descansaron durante milenios en las entrañas de la tierra, los cráneos y los restos óseos de algunas de las personas que en ellas se inhumaron; la muestra está planteada con la finalidad de invitar al público a participar en el proceso de investigación arqueológica que se siguió.

Dos grandes fotografías de las cuevas dan la bienvenida al visitante. A partir de aquí, el público encuentra diferentes tablas temáticas que contienen las piezas originales y un breve texto, en el cual se plantean los enigmas que suscitaron los hallazgos y, las respuestas o posibles conclusiones a las cuales, después de las investigaciones, se ha podido llegar. Finalmente, un audiovisual permite atar cabos y reconstruir que sucedió en las cuevas a lo largo del tiempo. O, como mínimo, qué es lo que hasta ahora se cree que sucedió…

La exposición se articula en los siguientes apartados temáticos:

- Vivir en comunidad.
- Morir en comunidad.
- Peinando la muerte.
- Contactos e intercambios.
- Del femenino al masculino.
- Un viaje iniciático.
- Misterios para resolver.
- Metodología.
- Herencia pública.

Ha estado producida por Manterota División Arte para el Museu Nacional Arqueològic de Tarragona en el marco de un convenio con el Consell Insular de Menorca y la Universitat Autònoma de Barcelona.

Se puede visitar del 23 de Marzo hasta el 26 de Agosto de 2007 en la Sala de exposiciones temporales del Museu Nacional Arqueològic de Tarragona, plaza del Rei, 5.