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    Del 10 de junio al 22 de noviembre de 2009
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Exposición

El papel de la piedra no se limitó al ámbito estrictamente constructivo. La limitada calidad estética de la mayor parte de la piedra local utilizada en las estructuras de los edificios y los modelos decorativos que irradian desde Roma propiciaron la adopción de mármoles importados, más aptos para fines decorativos y ornamentales. Su colorido, el propio exotismo de su origen o la calidad resultante de su elaboración, entre otras causas, explican una creciente y diversificada demanda de piedras procedentes de todo el Mediterráneo.

En la arquitectura de Tárraco, a partir de época de Augusto, se aprecia el uso generalizado del mármol de Luni-Carrara para construir y decorar los edificios públicos (columnas, capiteles, frisos, arquitrabes, placas de revestimiento, etc.). Una práctica, el revestimiento marmóreo de paredes y pavimentos (opus sectile y mosaico), que se extiende entre la sociedad acomodada. Además de los prestigiosos mármoles importados de Grecia, Túnez o Italia, se utilizan también piedras de origen local (pedra de Santa Tecla) o regional (broccatello o jaspe de la Cinta, muy apreciado y de gran exportación) que, convenientemente trabajadas, ofrecen resultados satisfactorios para determinados usos.

En cuanto al mobiliario ornamental, predomina el blanco de los mármoles italianos (Luni-Carrara) y griegos (Paros, Tasos, Afyon, etc) como materia prima de gran parte de la estatuaria. En menor medida se utilizaron mármoles de color, como el pórfido rosso de Egipto, para realzar los programas decorativos de las estancias de mayor prestigio. También, cuando la suntuosidad lo requería, se utilizaron piedras preciosas y semipreciosas, como las ágatas o el cristal de roca.