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La profunda y estrecha relación que tuvieron Piedra y Construcción alcanza su plena dimensión en las ciudades romanas. Desde la grava del hormigón (opus caementicium) de las cimentaciones hasta los sillares del alzado de los muros tal vinculación se hace evidente.
La variedad tipológica es en Tárraco, como en otras ciudades mediterráneas, muy extensa y diversificada. En las estructuras dominan los materiales procedentes del entorno más inmediato, especialmente la piedra del Médol/soldó. Con ella se erigieron los alzados de las murallas y la mayor parte de los edificios públicos de época tardorepublicana y augustea. A partir de este momento continúa teniendo una destacada presencia estructural, aunque revestida de mármoles importados que dotaban a los edificios públicos (y a una pequeña parte de los privados) del prestigio y monumentalidad requeridos.
Un magnífico ejemplo de esta marmorización del paisaje urbano lo constituye el complejo arquitectónico y urbanístico de la parte alta de Tárraco en el que se suceden, de forma ascendente, el circo, la plaza de representación del concilio provincial y el recinto de culto presidido por el templo. Erigido en época flavia, su estructura combina el opus caementicium y la piedra local, aunque con las superficies presididas, fundamentalmente, por el mármol blanco de Luni-Carrara.
En época tardoantigua y visigoda esta extensa acumulación de materiales pétreos – mutilados, repicados o convertidos en cal – se convertirá en la cantera que abastecerá a la ciudad medieval y moderna de Tarragona. |