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La ejecución de los programas ornamentales de carácter público o privado que se llevaron a cabo en Tárraco requirió la importación de grandes cantidades de mármoles, de diferentes calidades y orígenes. El entorno de Tárraco no permitía satisfacer estas necesidades, ya que los materiales locales –la piedra de Santa Tecla o el “llisós”– no podían competir con las prestaciones de los mármoles importados.
Los principales materiales lapídeos importados –manufacturados o por manufacturar– fueron los mármoles itálicos de la zona de Luni-Carrara y, en menor proporción, los griegos del Pentélico, de las Cícladas y de Tasos, el Numidicum o “giallo antico” (de Chemtou, Túnez) i el mármol del Proconeso (isla de Mármara, en la actual Turquía), que fue muy recurrente para la confección de sarcófagos, elaborados en talleres a pie de cantera. Destaca la extraordinaria abundancia de fustes lisos de columna de granito de la Tróade. También llegarían a Tárraco ya totalmente acabados gran parte de los sarcófagos hallados en la Necrópolis Paleocristiana, de una calcárea conocida como “kadel” explotada en Hammam Lif, en los alrededores de Cartago (Túnez).
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