Premios y vencedores

En la sociedad agonal griega no podía haber honor sin proclamación pública de la victoria, y no podía haber publicidad sin la prueba del trofeo, del canto de alabanza, de la estatua que inmortaliza la gloria del vencedor. Los héroes homéricos buscan la victoria en la competición deportiva, como en el campo de batalla, para sí mismos, para su propio honor y, en todo caso, el de su familia. Cuando triunfó el sentimiento comunitario y democrático, la ciudad tomaba parte en la gloria y erigía estatuas públicas para conmemorar no sólo la excelencia del atleta, sino también el honor que ella había ganado a través de aquel. Con la sustitución del honor heroico por el orgullo cívico se produjo otro cambio: la corona de laurel o un ánfora de aceite, símbolos sagrados otorgados por el mismo dios, ocuparon el lugar de los objetos de oro y bronce  o de las mujeres cautivas como premio del vencedor.