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Estas dos esculturas provenientes de Costa Rica han
sido talladas en piedra porosa volcánica. La
primera, de la región central, representa un
guerrero que adopta una postura clásica con una
hacha alzada en su mano izquierda y una cabeza reducida
como trofeo. Este tipo de guerrero lleva a veces la
cabeza-trofeo colgada de una soga en la espalda o atada
a la cintura. Los especialistas piensan que su cinturón
podría simbolizar su filiación a una deidad
protectora. Dada su actitud ceremoniosa y rígida,
así como una cierta idealización en sus
rasgos, podemos deducir que se trata más de un
estereotipo de guerrero que un retrato particular. Respecto
a la segunda escultura, todavía presenta un enigma
para los arqueólogos, ya que no se conoce ninguna
figura de estas mismas características en Costa
Rica, y aunque está esculpida sobre el mismo
tipo de piedra que las estatuas de la región,
el tratamiento de la figura humana es diferente, menos
rígido y estilizado. Además, el tipo de
colgante que lleva, en forma de punta de lanza con una
figura antropomorfa grabada, también aparece
en una figura de Panamá. Sólo futuras
investigaciones podrán esclarecer su origen.
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