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La favorable configuración geográfica de las comarcas
meridionales de Cataluña y su clima muy benigno favorecieron
que el proceso de poblamiento humano se iniciara muy pronto, ya
en época prehistórica. Son relativamente numerosos
los yacimientos que documentan las diferentes etapas del Paleolítico
y del Epipaleolítico. Durante el Neolítico y la
Edad de Bronze, las respectivas comunidades humanas (con las actividades
económicas características de este período:
agricultura y ganaderia) encontraron en el territorio que actualmente
configuran las comarcas del Campo de Tarragona un escenario idóneo.
Este
proceso de asentamiento finalizó con la consolidación,
sobre el territorio, de las diferentes tribus que conformaron
el mosaico sociopolítico de las tierras levantinas de
la Península Ibérica en época prerromana,
como consecuencia directa del contacto de aquellos grupos autóctonos
con los diversos pueblos colonizadores del Mediterráneo
(fenicios, griegos y púnicos). El territorio del Campo
de Tarragona era ocupado por la tribu ibérica de los
cesetanos.Uno de sus asentamientos más importantes, Kese,
fue probablemente su capital y, en todo caso, el precedente
inmediato de la ciudad romana de Tárraco, la actual Tarragona.
En el año 218 aC, con motivo de la II Guerra Púnica
entre romanos y cartagineses, el ejército romano a las
órdenes a Cneo Cornelio Escipión desembarcó
en Ampurias, colonia griega aliada de Roma. De manera simultánea
se fundó Tárraco, como principal
base de hivernada de los ejércitos romanos en Hispania,
iniciándose un largo y complejo proceso de incorporación
de los territorios peninsulares al nuevo orden político,
cultural y económico de la romanidad, en el cual la ciudad
jugó en todo momento un papel fundamental.
En la segunda mitad del
s. I aC se le concedió el estatuto de colonia de derecho
romano, tomando la denominación de Colonia Iulia Urbs
Triumphalis Tarraco. En el año 27 aC consiguió
ser la capital de la provincia Tarraconense, dentro de la nueva
organización territorial propiciada por Augusto. Éste
residió en Tárraco durante dos años, siguiendo
las campañas militares que se realizaban en la cornisa
cantábrica y dirigiendo desde aquí su planificada
transformación del mundo.
Se inició entonces la aplicación
de un programa dirigido a dotar a esta colonia de un nivel urbanístico
y monumental acorde con la importancia y significación
de la ciudad..
La vitalidad de Tárraco se mantuvo con
plenitud hasta mediados del s. III dC. Como consecuencia de
la crisis general y con las primeres oleadas de invasores germánicos,
se inició un proceso de progresiva recesión tanto
en el orden demográfico como en el urbanístico.
Ello comportó la destrucción y el abandono de
gran parte de la ciudad, con excepción de una parte alta
convertida en el núcleo principal de residencia.
Durante esta época, la pérdida
de la capitalidad de Tárraco, primero respecto a Tolosa,
después respecto a Barcino (Barcelona) y finalmente
respecto a Toletum (Toledo, s. VI) supondrá el
alejamiento de la ciutat de los centros
políticos decisivos de la época. Este alejamiento
no reducirá su importancia urbana, fundamentada en su
condición de sede eclesiástica metropolitana y
en el mantenimiento de las instalaciones portuarias, hasta la
llegada de los musulmanes a la ciudad hacia el año 713
o 714. Este hecho señala definitivamente la entrada de
la ciudad en la llamada Edad Media.
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