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El conjunto arqueológico
Recuperación del sarcófago de Leocadius, durante las excavaciones realizadas por Serra i Vilaró en la Necrópolis Paleocristiana.



Las excavaciones llevadas a cabo en los terrenos ocupados, a partir de la segunda mitad del s. III dC, por la gran Necrópolis Paleocristiana de Tarragona y situados al oeste de la ciudad, cerca del río Francolí (el antiguo Tulcis), pusieron al descubierto varias edificaciones suburbanas y diversas estructuras funerarias de la citada Necrópolis.

En el sector nororiental, detrás del edificio del Museo, se ven, junto a una antigua calle, los restos de una villa suburbana de tipo medio -con unas pequeñas termas, cisternas y otras dependencias de uso doméstico y residencial- que fue utilizada durante los siglos II-III dC. Una vez abandonada, sus materiales constructivos se reaprovecharon para construir los enterramientos de la Necrópolis.

Los diferentes autores que han estudiado la Necrópolis coinciden, en general, en situar el origen del cementerio en la segunda mitad del siglo III, y relacionar la llamada incursión francoalamana del 259 dC con la destrucción y abandono de la villa y, en consecuencia, con la posibilidad de expansión de un área de enterramientos preexistente.

Los trabajos de excavación pusieron al descubierto hasta 2.050 tumbas de tipología diversa. Los enterramientos se encontraban colocados alrededor -y en el interior- de una basílica, en la que, y en posición preferente, se ha querido identificar un sepulcro con una inscripción que alude a Fructuoso, Augurio y Eulogio, los mártires tarraconenses. El fragmento de la losa de altar con la inscripción (FRVC)TVOSI / A(VGVRII ET EVLOGII) parece confirmar que la Necrópolis Paleocristiana de Tarragona creció alrededor de una tumba santa.

Los tipos de inhumaciones más frecuentes son los de tégulas y los de ánforas. También se suele enterrar en simples fosas, dentro de ataúdes de madera recubiertos de losas o dentro de sarcófagos de plomo, piedra, mármol o con cubierta de mosaico polícromo.

También están presentes los enterramientos colectivos, así como las edificaciones funerarias, entre las que se pueden destacar el monumento situado al norte del conjunto, de planta rectangular exterior y circular con nichos interiores, y tres criptas familiares, cuya cronología (s. V y VI dC) corroboraría la perduración de la Necrópolis.